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Introducción

los hombres en el poder hacia sus inferiores, o para alentar a los hombres de baja condición a un comportamiento insolente hacia sus superiores; sino para enseñarnos que, por la similitud de los pensamientos y pasiones de un hombre con los pensamientos y pasiones de otro, quienquiera que se mire a sí mismo y considere lo que hace cuando Piensa, Opina, Razona, Espera, Teme, etc., y sobre qué bases, podrá con ello leer y conocer cuáles son los pensamientos y pasiones de todos los demás hombres en ocasiones semejantes.

Digo la similitud de las Pasiones, que son las mismas en todos los hombres, el Deseo, el Miedo, la Esperanza, etc.; no la similitud de Los Objetos de las Pasiones, que son las cosas Deseadas, Temidas, Esperadas, etc.: pues la constitución individual y la educación particular varían tanto estas, y es tan fácil ocultarlas a nuestro conocimiento, que los caracteres del corazón del hombre, manchados y confundidos como están con el disimulo, la mentira, la falsificación y las doctrinas erróneas, solo son legibles para aquel que escudriña los corazones.

Y aunque por las acciones de los hombres descubrimos a veces sus designios; empero, hacerlo sin compararlas con las nuestras y distinguir todas las circunstancias por las cuales el caso puede llegar a alterarse, es descifrar sin clave y, en su mayor parte, ser engañado por demasiada confianza o por demasiada desconfianza; tal como quien lee es, él mismo, un hombre bueno o malo.

Mas aunque un hombre lea a otro por sus acciones por muy perfectamente que sea, tan solo le sirve para conocer a sus conocidos, que son bien pocos. Aquel que ha de gobernar a toda una Nación, debe leer en sí mismo, no a este o aquel hombre en particular, sino al Género Humano; lo cual, aunque es difícil de hacer, más difícil que aprender cualquier Lengua o Ciencia; sin embargo, cuando yo haya expuesto mi propia lectura de

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