Visto pues que la Verdad consiste en el ordenamiento correcto de los nombres en nuestras afirmaciones, aquel que busca la Verdad precisa, ha menester recordar qué representa cada nombre que usa; y colocarlo en consecuencia; o de lo contrario se hallará enredado en las palabras, como un pájaro en ramas con liga; cuanto más forcejea, más pegado queda.
Y por ello en la Geometría (que es la única Ciencia que ha placido a Dios hasta ahora otorgar al género humano), los hombres comienzan por fijar las significaciones de sus palabras; fijación de significaciones a la que llaman Definiciones; y las sitúan al comienzo de su cálculo.
Por esto aparece cuán necesario es para cualquier hombre que aspire al verdadero Conocimiento examinar las Definiciones de los autores anteriores; y corregirlas, cuando están descuidadamente formuladas; o hacerlas él mismo. Pues los errores de las Definiciones se multiplican a medida que el cálculo avanza, y conducen a los hombres a absurdos que al final ven, pero no pueden evitar, sin volver a calcular desde el principio; en lo cual yace el fundamento de sus errores.
De donde acontece que aquellos que confían en los libros hacen como los que suman muchas cantidades pequeñas en una mayor, sin considerar si esas pequeñas cantidades fueron bien sumadas o no; y al final, hallando el error visible, y sin desconfiar de sus primeros fundamentos, no saben de qué manera aclararse; sino que pierden el tiempo revoloteando sobre sus libros; como los pájaros que, entrando por la chimenea y hallándose encerrados en una habitación, aletean hacia la falsa luz de una ventana de cristal, por falta de ingenio para considerar por dónde entraron.
De suerte que en la correcta Definición de los Nombres radica el primer uso del Lenguaje, que es la Adquisición de la Ciencia; y en las definiciones erróneas, o en la ausencia de ellas, radica el primer abuso, del cual proceden todas las falsas y absurdas Doctrinas; las cuales hacen que aquellos hombres que toman su instrucción de la autoridad de los libros,