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CAPÍTULO VIII. DE LAS VIRTUDES COMÚNMENTE LLAMADAS INTELECTUALES Y DE SUS DEFECTOS CONTRARIOS

mismo es como si un hombre, tras haber rodado por el lodo, viniera a presentarse ante buena compañía. Y es la falta de Criterio lo que marca la diferencia. Asimismo, en el relajamiento declarado de la mente y en compañía familiar, un hombre puede jugar con los sonidos y las significaciones equívocas de las palabras; y muchas veces con ocurrencias de una Fantasía extraordinaria: mas en un Sermón, o en público, o ante personas desconocidas, o a quienes debemos reverencia, no hay Juego de palabras que no sea considerado necedad; y la diferencia radica únicamente en la falta de Criterio. De modo que donde falta el Ingenio, no es la Fantasía la que falta, sino el Criterio. El Juicio, por tanto, sin Fantasía es Ingenio, pero la Fantasía sin Juicio no lo es.

Prudencia

Cuando los pensamientos de un hombre que tiene un designio entre manos, al recorrer una multitud de cosas, observan cómo conducen a ese designio, o a qué designio pueden conducir; si sus observaciones no son fáciles ni habituales, a este ingenio suyo se le llama PRUDENCIA; y depende de mucha experiencia y de la memoria de cosas semejantes y de sus consecuencias pretéritas. En lo cual no hay tanta diferencia entre los hombres como la hay en sus fantasías y juicios; porque la experiencia de los hombres de igual edad no es muy desigual en cuanto a la cantidad, sino que radica en diferentes ocasiones, teniendo cada uno sus designios particulares. Gobernar bien una familia y un reino no son diferentes grados de prudencia, sino diferentes clases de asuntos; del mismo modo que pintar un cuadro en pequeño, o al natural, o más grande que la vida, no son diferentes grados de arte. Un labrador sencillo es más prudente en los

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