Mas aun así, me parece que el empeño por ensalzar el Poder Civil no debería ser condenado por el Poder Civil; ni los hombres particulares, al censurarlo, declarar que consideran ese Poder demasiado grande. Además, no hablo de los hombres, sino (en abstracto) de la Sede del Poder (asemejándome a aquellas criaturas simples e imparciales del Capitolio romano, que con su ruido defendieron a los que estaban dentro, no por ser quienes eran, sino por estar allí), sin ofender a nadie, creo, salvo a los de fuera, o a aquellos de dentro (si es que los hay) que los favorecen.
Lo que tal vez pueda ofender más, son ciertos Textos de la Sagrada Escritura, alegados por mí con un propósito distinto al que ordinariamente se les da por otros. Pero lo he hecho con la debida sumisión y también (en orden a mi Tema) por necesidad; pues son las Obras Exteriores del Enemigo, desde donde impugnan el Poder Civil.
Si a pesar de esto, encuentras mi labor generalmente denostada, podrás tener a bien disculparte y decir que soy un hombre que ama sus propias opiniones, y que cree que todo lo que digo es verdad, que honré a tu Hermano, y te honro a ti, y que me he atrevido a ello, para asumir el Título (sin tu conocimiento) de ser, como soy,
Señor,
Su más humilde y más obediente servidor, Thomas Hobbes.
Paris APRILL 15/25 1651.