CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Page 558 of 826
Table of Contents

CAPÍTULO XL. DE LOS DERECHOS DEL REINO DE DIOS EN ABRAHAM, MOISÉS, LOS SUMOS SACERDOTES Y LOS REYES DE JUDÁ

Moisés había estado antes con Dios, y había traído al pueblo las palabras que Dios le había dicho. Él únicamente fue por el negocio del pueblo; los otros, como los nobles de su séquito, fueron admitidos por honor a esa gracia especial, la cual no le fue permitida al pueblo; que era (como aparece en el versículo siguiente) ver a Dios y vivir. “Dios no puso su mano sobre ellos; vieron a Dios y comieron y bebieron” (es decir, vivieron), pero no llevaron ningún mandamiento de su parte al pueblo. Además, en todas partes se dice: “Habló el Señor a Moisés”, así como en todas las otras ocasiones de gobierno; también en la ordenación de las ceremonias de la religión, contenidas en los capítulos 25, 26, 27, 28, 29, 30 y 31 del Éxodo, y en todo el Levítico; a Aarón, raras veces. El becerro que hizo Aarón, Moisés lo arrojó al fuego. Por último, la cuestión de la autoridad de Aarón, a raíz de la sublevación de este y de María contra Moisés, fue (Números 12.) juzgada por Dios mismo a favor de Moisés. Así también en la cuestión entre Moisés y el pueblo, cuando Coré, Datán y Abiram, y doscientos cincuenta príncipes de la asamblea “se juntaron” (Números 16. 3) “contra Moisés y contra Aarón, y les dijeron: ‘Basta ya de vosotros, porque toda la congregación es santa, todos ellos, y el Señor está en medio de ellos; ¿por qué os levantáis vosotros sobre la congregación del Señor?’” Dios hizo que la tierra se tragase vivos a Coré, Datán y Abiram con sus mujeres y sus hijos, y consumió con fuego a aquellos doscientos cincuenta príncipes. Por tanto, ni Aarón, ni el pueblo, ni ninguna aristocracia de los principales príncipes del pueblo, sino Moisés solo tuvo, inmediatamente debajo de Dios, la soberanía sobre los israelitas: y esto no solo en causas de política civil, sino también de religión; pues Moisés solo hablaba con Dios, y por tanto solo él podía decir al pueblo qué era lo que Dios requería de sus manos. Ningún hombre, bajo pena de muerte, podía ser tan presuntuoso como para acercarse al monte donde Dios hablaba con Moisés. “Pondrás

558