CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Page 283 of 826
Table of Contents

CAPÍTULO XXII. DE LOS SISTEMAS SUJETOS, POLÍTICOS Y PRIVADOS

enviaron a cada plantación un gobernador. Pues aunque todo hombre, allí donde puede estar presente por naturaleza, desea participar del gobierno; sin embargo, allí donde no pueden estar presentes, se sienten inclinados también por naturaleza a encomendar el gobierno de su interés común antes a una forma de gobierno monárquica que popular; lo cual es evidente también en aquellos hombres que poseen grandes haciendas privadas, los cuales, cuando no están dispuestos a tomarse la molestia de administrar los negocios que les pertenecen, prefieren confiar en un solo criado antes que en una asamblea, ya sea de sus amigos o de sus criados.

Pero sea como fuere en la práctica, podemos suponer que el gobierno de una provincia o colonia es encomendado a una asamblea; y cuando así es, lo que en este lugar tengo que decir es esto: que cualquier deuda contraída por dicha asamblea, o cualquier acto ilegal decretado, es obra únicamente de aquellos que dieron su asentimiento, y no de ninguno de los disidentes o ausentes, por las razones antes alegadas.

Asimismo, que una asamblea residente fuera de los límites de aquella colonia de cuyo gobierno está encargada, no puede ejercer ningún poder sobre las personas o los bienes de ninguno de los colonos, para embargarlos por deudas u otra obligación en cualquier lugar fuera de la colonia misma, por carecer de jurisdicción y autoridad en otra parte, debiendo recurrir al remedio que la ley del lugar les permita.

Y aunque la asamblea tenga derecho a imponer una multa a cualquiera de sus miembros que infrinja las leyes que promulgan, fuera de la colonia misma no tiene derecho a ejecutarla.

Y lo que se dice aquí acerca de los Derechos de una Asamblea para el gobierno de una Provincia o una Colonia, es aplicable también a una Asamblea para el Gobierno de una Ciudad, o Universidad, o un Colegio, o una Iglesia, o para cualquier otro Gobierno sobre las personas de los hombres.

283