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CAPÍTULO XLII. DEL PODER ECLESIÁSTICO

para negar la Absolución; y si no aparecen, no tienen autoridad para Absolver. Lo mismo ha de observarse también en el Bautismo: pues ante un judío o gentil convertido, los Apóstoles no tenían el Poder de negar el Bautismo, ni de otorgarlo al No penitente. Mas puesto que ningún hombre es capaz de discernir la verdad del arrepentimiento de otro hombre, más que por marcas externas, tomadas de sus palabras y acciones, las cuales están sujetas a hipocresía, surgirá otra cuestión: quién es el constituido Juez de dichas marcas. Y esta cuestión es decidida por nuestro Salvador mismo (Mat. 18. 15, 16, 17): “Si tu Hermano (dice) peca contra ti, ve y repréndele a solas tú y él; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos. Y si no los oyere a ellos, dilo a la Iglesia; y si no oyere a la Iglesia, tenle por pagano y publicano”. Por lo cual es manifiesto que el Juicio concerniente a la verdad del Arrepentimiento no pertenecía a un Solo Hombre, sino a la Iglesia, es decir, a la Asamblea de los Fieles, o a aquellos que tienen autoridad para ser su Representante. Pero además del Juicio, es necesaria también la pronunciación de la Sentencia: y esto perteneció siempre al Apóstol, o a algún Pastor de la Iglesia, como Portavoz; y de esto habla nuestro Salvador en el versículo 18: “Todo lo que atareis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo”. Y en conformidad con esto fue la práctica de San Paulo (1 Cor. 5.3, 4 y 5) donde dice: “Porque yo ciertamente, ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya he juzgado, como si estuviera presente, al que esto ha así perpetrado; En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, juntados vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, A entregar a el tal a Satanás”; es decir, a echarle fuera de la Iglesia, como a un hombre cuyos Pecados no son Perdonados. Pablo pronuncia aquí la Sentencia; pero la Asamblea había de oír primero la Causa (pues San Pablo estaba ausente); y por consecuencia

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