“Si un rey, ante la admonición del papa, no purga su reino de herejes, y siendo excomulgado por ello, no da satisfacción en el plazo de un año, sus súbditos quedan absueltos de su obediencia”. Y la práctica de esto se ha visto en diversas ocasiones; como en la deposición de Chilperico, rey de Francia; en la transferencia del Imperio romano a Carlomagno; en la opresión de Juan, rey de Inglaterra; en la transferencia del reino de Navarra; y en años recientes, en la Liga contra Enrique III de Francia, y en muchos más sucesos. Pienso que hay pocos príncipes que no consideren esto como injusto e inconveniente; mas desearía que todos resolvieran ser reyes o súbditos. Los hombres no pueden servir a dos señores: deben por tanto aliviarse, ya sea llevando las riendas del gobierno totalmente en sus propias manos, ya sea entregándolas por completo en las manos del Papa, para que los hombres que están dispuestos a ser obedientes puedan estar protegidos en su obediencia. Pues esta distinción de poder temporal y espiritual no son sino palabras. El poder está dividido tan realmente, y de manera tan peligrosa para todos los propósitos, al compartirlo con otro poder indirecto como con uno directo. Mas para venir ahora a sus argumentos.
El primero es este: “El Poder Civil está sujeto al Espiritual: Por tanto, el que tiene el Poder Supremo Espiritual, tiene derecho a mandar a los príncipes temporales y a disponer de sus bienes temporales en orden a lo espiritual”. En cuanto a la distinción entre temporal y espiritual, consideremos en qué sentido puede decirse inteligiblemente que el poder temporal o civil está sujeto al espiritual. No hay más que dos maneras de dar sentido a esas palabras. Porque cuando decimos que un poder está sujeto a otro poder, el significado es o bien que quien tiene el uno está sujeto a quien