Entonces George se colocó detrás de Harris y lo vio.
—Vaya, si ha estado aquí todo el tiempo —exclamó con indignación.
—¿Dónde? —gritó Harris, girando en redondo.
—¡Quédate quieto, maldita sea! —bramó George, saliendo disparado tras él.
Y se lo quitaron, y lo metieron en la tetera.
Montmorency estaba en todo, por supuesto. La ambición de Montmorency en la vida es estorbar y que le echen maldiciones. Si puede colarse en alguna parte donde particularmente no lo quieren, ser una absoluta molestia, sacar de quicio a la gente y hacer que le arrojen cosas a la cabeza, entonces siente que su día no ha sido en vano.
Hacer que alguien tropiece con él y lo maldiga sin parar durante una hora es su máxima ambición y objetivo; y, cuando ha logrado cumplir con esto, su presunción se vuelve bastante insoportable.
Él venía y se sentaba sobre las cosas, justo en el momento en que querían ser empacadas; y padecía la firme