—Muy probablemente —repliqué—; o tal vez dependiente o agente de un comerciante de vinos.
Bessie y yo conversamos sobre los viejos tiempos una hora más, y luego se vio obligada a dejarme: la volví a ver unos minutos a la mañana siguiente en Lowton, mientras esperaba el carruaje.
Nos despedimos definitivamente a la puerta del Brocklehurst Arms: cada cual tomó su camino; ella partió hacia la colina de Lowood Fell para encontrarse con el transporte que había de llevarla de vuelta a Gateshead; yo subí al vehículo que iba a conducirme hacia nuevos deberes y una nueva vida en los desconocidos alrededores de Millcote.