encontrado resistencia donde esperaba sumisión; la desaprobación de un juicio frío e inflexible, que ha descubierto en otra persona sentimientos y puntos de vista con los que no tiene capacidad de simpatizar: en resumen, como hombre, le habría gustado coaccionarme para que obedeciera; solo como un sincero cristiano soportaba tan pacientemente mi perversidad y concedía un plazo tan largo para la reflexión y el arrepentimiento.
Aquella noche, después de haber besado a sus hermanas, tuvo a bien olvidarse incluso de darme la mano, y salió de la habitación en silencio. Yo —que, aunque no sentía amor, le tenía gran afecto— me sentí herida por aquella omisión tan señalada: tan herida que las lágrimas acudieron a mis ojos.
“Veo que tú y St. John han estado peleando, Jane —dijo Diana—, durante su paseo por el páramo. Pero ve tras él; ahora anda rondando por el