labios. Pensé en esto.
Aquel bondadoso amo, que ahora no podía dormir, aguardaba con impaciencia el día. Me mandaría llamar por la mañana; yo ya me habría ido. Haría que me buscaran: en vano. Se sentiría abandonado, su amor rechazado: sufriría; tal vez llegaría a la desesperación. Pensé también en esto. Mi mano se movió hacia la cerradura; la retiré de golpe y seguí deslizándome.
Lúgubremente bajé las escaleras: sabía lo que tenía que hacer, y lo hice mecánicamente. Busqué la llave de la puerta lateral en la cocina; busqué también un frasco de aceite y una pluma; engrasé la llave y la cerradura. Cogí un poco de agua, cogí un poco de pan: pues tal vez tendría que caminar lejos; y mis fuerzas, gravemente quebrantadas últimamente, no debían flaquear. Todo esto lo hice sin emitir un solo sonido. Abrí la puerta, salí, la cerré con suavidad. Un alba