Tenía derecho, por supuesto, a hacer lo que le placiera; y, sin embargo, la recepción de tales noticias arroja un desaliento momentáneo en el ánimo. Mary y yo nos habríamos considerado ricas con mil libras cada una; y para St. John tal suma habría sido valiosa, por el bien que le habría permitido hacer.
Hecha esta explicación, se zanjó el asunto y ni el señor Rivers ni sus hermanas volvieron a mencionarlo.
- Al día siguiente abandoné Marsh End con destino a Morton.
- El día después, Diana y Mary se marcharon a la lejana B⸺.
- En una semana, el señor Rivers y Hannah se instalaron en la vicaría; y así la vieja granja quedó deshabitada.