obstáculo que impide su acogida; y que si pudiera librarse, aunque sólo sea de los malentendidos más groseros, la cuestión quedaría grandemente simplificada y se eliminaría una gran proporción de sus dificultades. Antes, por tanto, de intentar adentrarme en los fundamentos filosóficos que pueden darse para asentir a la norma utilitarista, ofreceré algunas ilustraciones de la doctrina misma, con el propósito de mostrar más claramente qué es, distinguiéndola de lo que no es, y despejando aquellas objeciones prácticas contra ella que o bien se originan en interpretaciones erróneas de su significado, o bien están estrechamente relacionadas con ellas. Habiendo preparado así el terreno, intentaré después arrojar toda la luz que pueda sobre la cuestión, considerada como un problema de teoría filosófica.
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Capítulo I.
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