susceptible, tienen derecho a la misma consideración sobre este tema.
Me he detenido en este punto por considerarlo una parte necesaria de una concepción perfectamente justa de la Utilidad o la Felicidad, considerada como la regla directiva de la conducta humana.
Pero no es en modo alguno una condición indispensable para la aceptación del criterio utilitario; pues dicho criterio no es la mayor felicidad del propio agente, sino la mayor cantidad de felicidad en conjunto; y si bien puede dudarse de si un carácter noble es siempre más feliz por su nobleza, no cabe duda de que hace a otras personas más felices y de que el mundo en general sale inmensamente beneficiado por ella.
El utilitarismo, por tanto, solo podría alcanzar su fin mediante el cultivo general de la nobleza de carácter, aun si cada individuo solo se beneficiara de la nobleza de los demás y la suya propia, en lo que a la felicidad respecta, fuera una pura deducción del beneficio. Pero la mera enunciación de una semejante absurdidad hace que toda refutación sea superflua.