Tanto en el sentimiento como en la conducta, la costumbre es lo único que imparte certeza; y es debido a la importancia que tiene para los demás poder confiar absolutamente en los sentimientos y en la conducta de uno, y para uno mismo poder confiar en los propios, por lo que la voluntad de obrar bien debe cultivarse hasta alcanzar esta independencia habitual. En otras palabras, este estado de la voluntad es un medio para el bien, no un bien en sí mismo; y no contradice la doctrina de que nada es un bien para los seres humanos sino en la medida en que es, o bien placentero en sí mismo, o bien un medio para alcanzar el placer o evitar el dolor.
Pero si esta doctrina es verdadera, el principio de utilidad queda demostrado.
Si lo es o no, debe dejarse ahora a la consideración del lector reflexivo.