Hobbes había sistematizado a Bacon, sin aportar, sin embargo, una prueba para el principio fundamental de este último: el origen de todo conocimiento humano a partir del mundo de la sensación. Fue Locke quien, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, aportó dicha prueba.
"Hobbes había hecho añicos los prejuicios teístas del materialismo baconiano; Collins, Dodwall, Coward, Hartley, Priestley hicieron añicos de igual manera las últimas barras teológicas que aún cercaban el sensacionalismo de Locke. Sea como fuere, para los materialistas prácticos, el teísmo no es más que una manera cómoda de deshacerse de la religión".[B]
Así escribió Karl Marx sobre el origen británico del materialismo moderno.
Si a los ingleses de hoy en día no les complace precisamente el cumplido que hizo a sus antepasados, tanto peor. No es menos innegable que Bacon, Hobbes y Locke son los padres de esa brillante escuela de materialistas franceses que hizo del siglo XVIII, a pesar de todas las batallas terrestres y navales ganadas a los franceses por alemanes e ingleses, un siglo eminentemente francés, incluso antes de esa coronación que fue la Revolución francesa, cuyos resultados los de fuera, tanto en Inglaterra como en Alemania, aún intentamos aclimatar.
No hay que negarlo. Alrededor de mediados de este siglo, lo que llamaba la atención de todo extranjero culto que fijaba su residencia en Inglaterra era lo que entonces se veía obligado a considerar como la intolerancia religiosa y la estupidez de la respetable clase media inglesa. Nosotros, en aquella época, éramos todos materialistas, o, al menos, librepensadores muy avanzados, y nos parecía inconcebible que casi toda la gente educada de Inglaterra creyera en toda clase de milagros imposibles, y que incluso geólogos como Buckland y Mantell retorcieran los hechos de su ciencia para no chocar demasiado con los mitos del libro