tentativos allá; se mueve de cuando en cuando con una desconfianza hiperprudente hacia el nombre del socialismo, mientras va absorbiendo gradualmente su sustancia; y el movimiento se propaga y se apodera de una capa de trabajadores tras otra. Ahora ha sacudido de su torpor a los obreros no calificados del East End de Londres, y todos sabemos qué espléndido impulso le han dado a cambio estas fuerzas frescas.
Y si el ritmo del movimiento no está a la altura de la impaciencia de algunos, que no olviden que es la clase trabajadora la que mantiene vivas las mejores cualidades del carácter inglés, y que, si una vez se gana un paso adelante en Inglaterra, por regla general, jamás se vuelve a perder. Si los hijos de los viejos cartistas, por las razones explicadas anteriormente, no estuvieron totalmente a la altura de las circunstancias, los nietos prometen ser dignos de sus