carácter de estos medios sociales de acción —y esta comprensión va a contrapelo del modo capitalista de producción y de sus defensores—, estas fuerzas seguirán actuando a pesar de nosotros, en oposición a nosotros, y seguirán dominándonos, tal como hemos demostrado detalladamente más arriba.
Pero una vez que se comprende su naturaleza, pueden, en manos de los productores asociados, transformarse de demonios dominantes en sirvientes dóciles. La diferencia es como la que hay entre la fuerza destructiva de la electricidad en el rayo de la tormenta y la electricidad dominada en el telégrafo y en el arco voltaico; la diferencia entre un incendio forestal y el fuego al servicio del hombre. Con este reconocimiento por fin de la verdadera naturaleza de las fuerzas productivas de hoy, la anarquía social de la producción da paso a una regulación social de la producción según un plan definido, de acuerdo con las necesidades de la comunidad y de cada individuo. Entonces, el modo capitalista de apropiación, en el cual el producto esclaviza primero al productor y luego al apropiador, es reemplazado por el modo de apropiación de los productos que se basa en la naturaleza de los medios de producción modernos: por una parte, la apropiación social directa, como medio para el mantenimiento y la ampliación de la producción; por otra, la apropiación individual directa, como medio de subsistencia y de disfrute.
Mientras el modo capitalista de producción transforma más y más completa y totalmente a la gran mayoría de la población en proletarios, crea la fuerza que, bajo pena de su propia destrucción, se ve obligada a realizar esta revolución. Mientras impulsa cada vez más la transformación de los vastos medios de producción, ya socializados, en propiedad del Estado, señala el camino para realizar esta revolución.
El proletariado toma el poder político y convierte los medios de producción en propiedad del Estado.