feudales de los gremios, del mismo modo ahora la industria moderna, en su desarrollo más completo, entra en colisión con los límites dentro de los cuales el modo capitalista de producción la mantiene confinada. Las nuevas fuerzas productivas ya han superado el modo capitalista de utilizarlas.
Y este conflicto entre las fuerzas productivas y los modos de producción no es un conflicto engendrado en la mente del hombre, como el del pecado original y la justicia divina. Existe, de hecho, objetivamente, fuera de nosotros, independientemente de la voluntad y de las acciones aun de los hombres que lo han provocado.
El socialismo moderno no es más que el reflejo en el pensamiento de este conflicto real; su reflejo ideal en las mentes, primeramente, de la clase que sufre directamente bajo él: la clase obrera.
Ahora bien, ¿en qué consiste este conflicto?
Antes de la producción capitalista, es decir, en la Edad Media, predominaba el sistema de la pequeña industria, basado en la propiedad privada de los trabajadores sobre sus medios de producción: en el campo, la agricultura del campesino pequeño, libre o siervo; en las ciudades, la artesanía organizada en gremios.
Los instrumentos de trabajo —la tierra, los aperos agrícolas, el taller, la herramienta— eran instrumentos de trabajo de individuos aislados, adaptados al uso de un solo trabajador y, por tanto, necesariamente pequeños, diminutos, limitados. Pero, precisamente por esta misma razón, pertenecían por regla general al propio productor.
Concentrar estos medios de producción dispersos y limitados, ampliarlos, convertirlos en las potentes palancas de la producción actual: