la misma obra reconoce también que el Reinado del Terror fue el reino de las masas desposeídas. «Ved —les dice— lo que ocurrió en Francia en el tiempo en que vuestros camaradas dominaban allí; hicieron sobrevenir una hambre». Pero reconocer en la Revolución francesa una lucha de clases, y no simplemente una lucha entre la nobleza y la burguesía, sino entre la nobleza, la burguesía y los desposeídos, era, en el año 1802, un descubrimiento de lo más fecundo. En 1816, declara que la política es la ciencia de la producción y profetiza la completa absorción de la política por la economía. El conocimiento de que las condiciones económicas son la base de las instituciones políticas aparece aquí solo en germen. Sin embargo, lo que ya se expresa aquí muy claramente es la idea de la futura conversión del dominio político sobre los hombres en una administración de cosas y en una dirección de los procesos de producción, es decir, la «abolición del Estado», acerca de la cual tanto ruido se ha hecho recientemente.
San Simón muestra la misma superioridad sobre sus contemporáneos cuando en 1814, inmediatamente después de la entrada de los aliados en París, y de nuevo en 1815, durante la guerra de los Cien Días, proclama la alianza de Francia con Inglaterra, y luego la de ambos países con Alemania, como la única garantía para el desarrollo próspero y la paz de Europa.
Predicar a los franceses en 1815 una alianza con los vencedores de Waterloo requería tanto valor como previsión histórica.
Si en Saint-Simon encontramos una amplia y abarcadora visión de conjunto, en virtud de la cual casi todas las ideas de los socialistas posteriores que no son estrictamente económicas se hallan en él en germen, encontramos en Fourier una crítica de las condiciones existentes en la sociedad genuinamente francesa e ingeniosa, pero no por ello menos profunda.