por casualidad que visten la forma humana y, sin ella, podría catalogarlas con las manadas de
12.
Muchos pensarán que con razón pueden culparme alegando que mis pruebas se oponen a la autoridad de ciertos hombres tenidos en la más alta reverencia por sus inexpertos juicios; sin considerar que mis obras son fruto de la pura y simple experiencia, que es la única y verdadera maestra.
Estas reglas son suficientes para permitirte conocer lo verdadero de lo falso —y esto ayuda a los hombres a buscar solo las cosas que son posibles y con la debida moderación— y a no envolverte en la ignorancia, algo que no puede tener buen resultado, de modo que por desesperación te entregues a la melancolía.
13.
Entre todos los estudios de