en nuestra atmósfera a igual distancia del centro de la tierra. Cualquiera que la mire jamás la ve disminuida en tamaño a cualquier distancia; y la ra-
[Footnote 879-882: Lo que Leonardo dice de Epicuro —quien según LEWIS, The Astronomy of the ancients, y MÄDLER, Geschichte der Himmelskunde, no prestó mucha atención al estudio de los fenómenos celestes— lo debió de extraer probablemente del Libro X de Diógenes Laercio, cuyas Vitae Philosophorum no se imprimieron en griego hasta 1533, aunque la traducción latina apareció en 1475.]
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hijos de su tamaño y poder me reservaré para el Libro 4. Pero me extraña en gran manera que Sócrates
[Footnote 2: Sócrates; Tengo pocos datos para esclarecer esta referencia. El propio Sócrates de Platón declara en más de una ocasión que en su juventud había dedicado su mente al estudio de los fenómenos celestes (METEWPA), pero no en sus últimos años (véase G. C. LEWIS, The Astronomy of the ancients, página 109; MÄDLER, Geschichte der Himmelskunde, página 41). Aquí y allá en los escritos de platónicos encontramos notas incidentales sobre el sol y otros cuerpos celestes. Es muy posible que Leonardo tuviera conocimiento de estas, puesto que la versión latina de Ficino se imprimió ya en 1491; de hecho, existe una edición sin fecha que muy probablemente apareció entre 1480 y 1490.
No hay más que un pasaje en Platón, Epinomis (p. 983), en el que habla de las propiedades físicas del sol y dice que es mayor que la