para otro día. A la mañana siguiente, la niña de 8 años salió al encuentro de papá muy satisfecha: Papá, hoy he soñado que estabas con nosotros en el Rohrerhütte y en el Hameau. Su impaciencia había anticipado, por tanto, en el sueño el cumplimiento de la promesa hecha por el papá.
Igual de sincero es otro sueño que la belleza paisajística de Aussee despertó en mi hijita de por entonces 3¼ años. La pequeña había navegado por el lago por primera vez, y el tiempo de la travesía se le había pasado demasiado rápido. Al llegar al desembarcadero no quería abandonar el barquito y lloraba amargamente. A la mañana siguiente contó: Anoche he navegado por el lago. Esperemos que la duración de este viaje onírico la haya satisfecho más.
Mi hijo mayor, que entonces tenía 8 años, ya sueña con la realización de sus fantasías. Ha viajado en carro con Aquiles y Diomedes era el auriga. Naturalmente, el día anterior se había entusiasmadó con las leyendas de Grecia que le habían regalado a su hermana mayor.
Si se me concede que el hablar dormido de los niños pertenece asimismo al ámbito del soñar, puedo comunicar a continuación uno de los sueños más recientes de mi colección. Mi hija menor, de diecinueve meses por entonces, había vomitado una mañana y por eso se la había mantenido en ayunas durante todo el día. En la noche que siguió a este día de hambre, se la oyó llamar con agitación desde el sueño: Anna F.eud , fre(s)a , Altofresa , Hervido , Papilla . Por entonces empleaba su nombre para expresar la toma de posesión; la minuta comprendía probablemente todo lo que debía vérsele como una comida apetecible; el que las fresas aparecieran en ella en dos variedades fue una demostración contra la policía sanitaria doméstica y tenía su fundamento en la circunstancia, bien advertida por ella, de que la niñera