año. Las frases introductorias del sueño indican, mediante un velamiento transparente, que este colega había asumido durante un tiempo los deberes que el padre ya no podía cumplir (gastos de pago, internamiento en el hospital); y cuando nuestras relaciones amistosas empezaron a disolverse, entré en el mismo conflicto sentimental que, en el caso de un desacuerdo entre padre e hijo, se ve impuesta por el papel y las anteriores aportaciones del padre. Los pensamientos oníricos se defienden ahora encarnizadamente contra el reproche de que no avanzo más deprisa, el cual, a partir del tratamiento de este paciente, se extiende también a otras cosas. ¿Acaso conoce él a alguien que pueda hacerlo más deprisa? ¿No sabe que estados de esta índole son por lo demás incurables y duran toda la vida? ¿Qué son cuatro o cinco años* frente a la duración de una vida entera, sobre todo cuando al enfermo se le ha facilitado tanto la existencia durante el tratamiento?
El sello de la absurdidad se produce en este sueño en gran parte porque frases procedentes de diversos ámbitos de los pensamientos oníricos se suceden sin una transición mediadora. Así, la frase: Voy a su habitación de al lado, etc., abandona el tema de donde se han extraído las frases anteriores y reproduce fielmente las circunstancias bajo las cuales comuniqué a mi padre mi compromiso matrimonial tomado por iniciativa propia. Quiere, por tanto, recordarme la noble generosidad que el viejo demostró entonces y contraponerla al comportamiento de otra persona, de un nuevo individuo. Noto aquí que el sueño puede burlarse del padre porque en los pensamientos oníricos se le presenta, en pleno reconocimiento, como modelo a los demás. Está en la esencia de toda censura que, de las cosas prohibidas, se pueda decir antes lo que