Existe ahora una objeción que amenaza con derribar las últimas conclusiones. Si las impresiones indiferentes solo pueden entrar en el contenido del sueño mientras son recientes, ¿cómo es posible que encontremos en el contenido del sueño también elementos de periodos anteriores de la vida que, en la época en que eran recientes –según las palabras de Strümpell–, no poseían ningún valor psíquico, debiendo estar, por tanto, olvidados desde hace tiempo; es decir, elementos que no son ni frescos ni psíquicamente significativos?
Este objeción queda plenamente rebatida si uno se apoya en los resultados del psicoanálisis en los neuróticos. La solución es, en efecto, que el desplazamiento que sustituye el material psíquico importante por material indiferente (tanto para el soñar como para el pensar) ya ha tenido lugar aquí en aquellos primeros periodos de la vida y desde entonces ha quedado fijado en la memoria. Aquellos elementos originariamente indiferentes ya no son indiferentes desde el momento en que, mediante el desplazamiento, asumieron la carga valorativa del material psíquico significativo. Lo que realmente ha permanecido indiferente ya no puede ser reproducido tampoco en el sueño.
No hay sueños »inofensivos«.
De las anteriores disquisiciones se concluirá con razón que yo sostengo la afirmación de que no existen promotores de sueños indiferentes y, por consiguiente, tampoco sueños inofensivos. Esta es, con todo rigor y exclusividad, mi opinión, a excepción de los sueños infantiles y, acaso, de las breves reacciones oníricas ante sensaciones nocturnas. Lo que se sueña por lo demás es reconocible de forma manifiesta como psíquico-significativo, o bien está desfigurado y solo puede juzgarse tras efectuada la interpretación de los sueños, momento en el cual se revela a su vez como significativo. El sueño jamás se ocupa de pequeñeces; por bagatelas no nos dejamos perturbar durante el sueño10.