de aquella época el hecho de que, hasta poco antes de la inscripción en la universidad, tuve la intención de estudiar Derecho y solo cambié de rumbo en el último momento. Al médico le está vedada por completo la carrera ministerial. ¡Y ahora mi sueño! Me doy cuenta solo ahora de que me transporta del sombrío presente a la esperanzadora época del ministerio burgués y cumple mi deseo de entonces con todas sus fuerzas. Al tratar tan mal a los dos colegas cultos y respetables por ser judíos, al uno como si fuera un imbécil y al otro como si fuera un criminal, al proceder así, me comporto como si fuera el ministro, me he puesto en el lugar del ministro. ¡Qué venganza tan a fondo contra Su Excelencia! Él se niega a nombrarme profesor extraordinario, y a cambio yo me pongo en su lugar en sueños.
Sueños de anhelo de Roma.
En otro caso pude observar que el deseo que suscita el sueño, aunque actual, recibe un poderoso refuerzo de profundos recuerdos infantiles. Se trata aquí de una serie de sueños que tienen por base la añoranza de llegar a Roma. Tendré que seguir satisfaciendo esta añoranza mediante sueños durante mucho tiempo, pues en la época del año de que dispongo para un viaje, debe evitarse la estancia en Roma por motivos de salud⟭fn:fn_3a322d9c436b:15⟭. Así, pues, sueño una vez que veo el Tíber y el Puente Sant'Angelo desde la ventanilla del compartimento; luego el tren se pone en marcha y se me ocurre que ni siquiera he entrado en la ciudad. El paisaje que vi en el sueño era una copia de un conocido grabado que había visto fugazmente el día anterior en el salón de un paciente. En otra ocasión alguien me lleva a una colina y me muestra Roma, medio desdibujada por la niebla y todavía tan lejana que me extraña la claridad de la vista. El contenido de este sueño es más rico de lo que quisiera exponer aquí. El motivo de «ver la Tierra Prometida desde lejos» se reconoce fácilmente