empfinden, den gewisse später zu erwähnende Traumtheorien aufstellen müssen, wenn sie die Absurdität und Inkohärenz der Träume durch ein partielles Vergessen des uns am Tage Bekannten erklären wollen.
Se podría llegar, por ejemplo, a la ocurrencia de reducir el fenómeno del soñar en general al del recordar, a ver en el sueño la manifestación de una actividad reproductiva que tampoco descansa por la noche y que es un fin en sí misma.
Informaciones como las de Pilcz encajarían en esto, según las cuales se pueden demostrar relaciones fijas entre el tiempo del sueño y el contenido de los sueños de tal modo que en el sueño profundo se reproducen impresiones de los tiempos más antiguos, pero hacia la mañana, impresiones recientes.
Pero semejante concepción resulta inverosímil desde el principio por el modo en que el sueño procede con el material que debe recordarse. Strümpell llama la atención, con razón, sobre el hecho de que en los sueños no se producen repeticiones de vivencias.
El sueño bien hace un intento en ese sentido, pero falta el eslabón siguiente; este aparece modificado o en su lugar surge uno totalmente ajeno.
El sueño solo trae fragmentos de reproducciones. Esto es sin duda tan estrictamente la regla que permite una valorización teórica.
Indes kommen Ausnahmen vor, in denen ein Traum ein Erlebnis ebenso vollständig wiederholt, wie unsere Erinnerung im Wachen es vermag. Delboeuf erzählt von einem seiner Universitätskollegen, daß er im Traume eine gefährliche Wagenfahrt, bei welcher er einem Unfalle nur wie durch ein Wunder entging, mit all ihren Einzelheiten wieder durchgemacht habe.