»La production de ces images que chez l’homme éveillé fait le plus souvent naître la volonté, correspond, pour l’intelligence, à ce que sont pour la motilité certains mouvements que nous offrent la chorée et les affections paralytiques« . . . . Por lo demás, el sueño es para él »toute une série de dégradations de la faculté pensante et raisonnante« (pág. 27).
Apenas es necesario citar las declaraciones de los autores que repiten la tesis de Maury para las distintas actividades anímicas superiores.
Según Strümpell, en el sueño —como es natural, incluso allí donde el sinsentido no es patente— retroceden todas las operaciones lógicas del alma basadas en proporciones y relaciones (p. 26).
Según Spitta (p. 148), en el sueño las representaciones parecen estar completamente exentas de la ley de causalidad. Radestock y otros subrayan la debilidad del juicio y del raciocinio propia del sueño.
Según Jodl (p. 123), en el sueño no existe ninguna crítica, ninguna corrección de una serie perceptiva por el contenido de la conciencia total. El mismo autor expresa:
«Todas las clases de actividad consciente se dan en el sueño, pero de forma incompleta, inhibida, aisladas entre sí.»
Las contradicciones en las que el sueño se coloca frente a nuestro saber en estado de vigilia las explica Stricker (junto con muchos otros) a partir de que en el sueño se han olvidado hechos o se han perdido las relaciones lógicas entre las representaciones (p. 98), etcétera, etcétera.
Por los autores que, en general, juzgan de un modo tan desfavorable las realizaciones psíquicas en el sueño, se admite, sin embargo, que al sueño le queda un cierto resto de actividad anímica.