la mitología, el alumbramiento de un niño del líquido amniótico se representa habitualmente, mediante la inversión, como la entrada del niño al agua; junto a muchos otros, los nacimientos de Adonis, Osiris, Moisés y Baco ofrecen conocidos ejemplos de ello. El sumergirse y emerger de la cabeza en el agua le recuerda inmediatamente a la paciente la sensación de los movimientos fetales, que había llegado a conocer durante su único embarazo. El pensamiento del muchacho que entra al agua despierta en ella una ensoñación en la que se veía a sí misma sacándolo del agua, llevándolo a la guardería, lavándolo y vistiéndolo, y finalmente introduciéndolo en su casa.
La segunda mitad del sueño representa, por tanto, pensamientos referentes a la huida, que guarda relación con la primera mitad de los pensamientos oníricos latentes; la primera mitad del sueño corresponde al contenido latente de la segunda mitad, la fantasía de parto.