Lo característico del estado de vigilia es, según Schleiermacher (p. 351), que la actividad del pensamiento se desarrolla en conceptos y no en imágenes. Ahora bien, el sueño piensa principalmente en imágenes, y puede observarse que, a medida que nos acercamos al sueño y las actividades voluntarias se muestran más dificultosas, afloran representaciones involuntarias que pertenecen todas a la clase de imágenes. La incapacidad para tal labor representativa, que experimentamos como intencionalmente querida, y el surgimiento de imágenes regularmente ligado a esta dispersión, son dos caracteres que perduran en el sueño y que debemos reconocer, en su análisis psicológico, como caracteres esenciales de la vida onírica. De las imágenes —las alucinaciones hipnagógicas— hemos sabido que son idénticas en su contenido mismo a las imágenes de los sueños11.
El sueño piensa, por lo tanto, predominantemente en imágenes visuales, pero no de un modo exclusivo. Trabaja también con imágenes auditivas y, en menor medida, con las impresiones de los otros sentidos. Muchas cosas son también simplemente pensadas o imaginadas en el sueño (representadas, por tanto, probablemente por restos de representaciones de palabras), exactamente igual que en la vigilia. Sin embargo, lo característico del sueño son solo aquellos elementos de contenido que se comportan como imágenes, es decir, que son más semejantes a las percepciones que a las representaciones mnémicas. Prescindiendo de todas las discusiones bien conocidas por el psiquiatra sobre la naturaleza de la alucinación, podemos afirmar con todos los autores competentes que el sueño alucina, que sustituye pensamientos por alucinaciones. A este respecto no existe diferencia alguna entre las representaciones visuales y las acústicas; se ha observado que el recuerdo de una secuencia de