mismo afecto se unen en el trabajo onírico para la formación de este*77.
Un poco de luz sobre estas enmarañadas relaciones se obtiene mediante el análisis del hermoso sueño en el que »Non vixit« constituye el punto central (véase la p. 301).
En este sueño, las manifestaciones afectivas de diferente calidad se hallan apretadas en dos lugares del contenido manifiesto.
Impulsos hostiles y penosos (en el propio sueño se dice «presa de extraños afectos») se superponen allí donde aniquilo al amigo adversario con las dos palabras.
Al final del sueño estoy inmensamente contento y juzgo entonces con aprecio una posibilidad que en estado de vigilia se reconoce como absurda, a saber, que existen revenants a los que se puede eliminar con el mero deseo.
Los afectos en el sueño «Non vixit».
Aún no he comunicado la ocasión de este sueño. Es esencial y conduce profundamente a la