Es un punto sentado —y lo menciono para consuelo de Confucio, que es propenso a enredarse al contar una historia sencilla— que, siempre que se mantenga en la línea de su relato, —puede ir hacia atrás y hacia adelante como le plazca, —aún se considera que no hay digresión.
Partiendo de esto, yo mismo me acojo al beneficio de retroceder.