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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Table of Contents

XXXII

Desde este momento se me ha de considerar como el heredero presunto de la familia Shandy⁠⸺⁠y es propiamente desde este punto donde arranca la historia de mi Vida y de mis Opiniones.

Con toda mi prisa y precipitación, no he hecho más que desbrozar el terreno para levantar el edificio⁠⸺⁠y tal edificio prevéngome que resultará, como jamás fue planeado ni jamás ejecutado desde Adán.

En menos de cinco minutos habré arrojado mi pluma al fuego, y la pequeña gota de tinta espesa que queda en el fondo de mi tintero, después de aquello⁠—no tengo sino una decena de cosas que hacer en ese tiempo⁠⸺⁠tengo una cosa que nombrar⁠⸺⁠una cosa que lamentar⁠⸺⁠una cosa que esperar⁠⸺⁠una cosa que prometer y una cosa que amenazar⁠—tengo una cosa que suponer⁠—una cosa que declarar⁠⸺⁠una cosa que ocultar⁠⸺⁠una cosa que elegir y una cosa por la cual rogar⁠⸻Este capítulo, por lo tanto, lo llamo el capítulo de las Cosas⁠⸻y mi capítulo siguiente al mismo, es decir, el primer capítulo de mi próximo volumen, si vivo, será mi capítulo sobre las patillas , a fin de mantener cierta clase de conexión en mis obras.

Lo que lamento es que las cosas se me han venido encima con tanta abundancia, que no he podido adentrarme en esa parte de mi obra hacia la cual he mirado todo el tiempo con tan ardiente deseo; y esa son las Campañas, pero especialmente los amores de mi tío Toby, cuyos acontecimientos son de índole tan singular y de un tinte tan cervantesco que, si logro ingeniármelas para transmitir las mismas impresiones a cualquier otro cerebro que las ocurrencias mismas despiertan en el mío⁠—respondo a que el libro se abrirá camino en el mundo mucho mejor de lo que su amo lo ha hecho antes que él.⁠⸺⁠¡Oh, Tristram! ¡Tristram! ¡Con tal de que esto pueda lograrse una sola vez⁠—el crédito que te aguarda como autor contrapesará los muchos males que te han sobrevenido como hombre⁠—te banquetearás con lo uno⁠—cuando hayas perdido toda noción y recuerdo de lo otro!⁠⸺⁠

No me extraña que me pique tanto el deseo de meterme en estos amoríos⁠—¡Son el bocado más exquisito de toda mi historia! y cuando por fin me meta en ellos⁠—os lo aseguro, buena gente⁠—(ni me importa a qué estómago delicado le repugne) ¡no tendré nada de remilgado en la elección de mis palabras!⁠—y eso es lo que tengo que declarar⁠—. Temo que no voy a terminarlo todo en cinco minutos⁠—y lo que espero es que vuestras señorías y reverencias no se ofendan⁠—si se ofenden, tened por seguro, mis buenos hidalgos, que el año que viene os daré motivo para ofenderos⁠—esa es la costumbre de mi querida Jenny⁠—pero quién sea mi Jenny⁠—y cuál sea el extremo correcto y cuál el falso de una mujer, es algo que debe ocultarse⁠—se os dirá en el capítulo siguiente al de mis Ojaletes⁠—y ni un solo capítulo antes.

Y ahora que acabáis de llegar al final de estos cuatro voluminsores⁠⸺⁠lo que tengo que preguntaros es, ¿cómo sentís vuestras cabezas? ¡la mía me duele endiabladamente!⁠⸻en cuanto a vuestra salud, lo sé, está mucho mejor.⁠—El verdadero Shandeísmo, penséis lo que penséis en su contra, abre el corazón y los pulmones, y como todas aquellas afecciones que participan de su naturaleza, fuerza a la sangre y a otros fluidos vitales del cuerpo a correr libremente por sus canales, haciendo que la rueda de la vida ruede larga y alegremente.

Si se me dejara, como a Sancho Panza, elegir mi reino, no habría de ser marítimo⁠—ni un reino de negros con los que hacer dinero;⁠—no, habría de ser un reino de súbditos de risa cordial: Y como las pasiones biliosas y más saturninas, al crear trastornos en la sangre y en los humores, ejercen una influencia tan nefasta, según veo, sobre el cuerpo político como sobre el cuerpo natural⁠—y como nada más que el hábito de la virtud puede gobernar plenamente esas pasiones y someterlas a la razón⁠—añadiría a mi plegaria⁠—que Dios diera a mis súbditos la gracia de ser tan prudentes como alegres; y entonces sería yo el monarca más feliz, y ellos el pueblo más feliz bajo el cielo.

Y así, con esta moraleja para el presente, pluguiera a vuestras mercedes y a vuestras reverencias, me despido de ustedes hasta de aquí a un año, cuando, (a no ser que esta maldita tos me mate mientras tanto) volveré a hollaros las barbas y a revelar al mundo una historia que ni por sombras imagináis.

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