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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Capítulo VIII

Cerca de hora y media de lectura bastante aceptable ha transcurrido desde que mi tío Toby tocó la campanilla, cuando a Obadiah se le ordenó ensillar un caballo e ir por el Dr. Slop, el partero;⁠—de modo que nadie puede decir, con razón, que no le he concedido a Obadiah el tiempo suficiente, hablando poéticamente, y considerando además la emergencia, tanto para ir como para venir;⁠—aunque, hablando moral y verdaderamente, el hombre apenas si habrá tenido tiempo de calzarse las botas.

Si el hipercrítico se empeña en ir por ahí; y después de todo está decidido a tomar un péndulo y medir la distancia exacta entre el repique de la campana y el golpe en la puerta;⁠—y, tras descubrir que no es mayor de dos minutos, trece segundos y tres quintos,⁠—se tomase la libertad de insultarme por semejante quebrantamiento de la unidad, o más bien de la probabilidad del tiempo;⁠—le recordaría que la idea de duración, y de sus modos simples, se obtiene meramente a partir del curso y la sucesión de nuestras ideas,⁠⸺⁠y es el verdadero péndulo escolástico,⁠⸺⁠y por el cual, como erudito, habré de ser juzgado en este asunto,⁠—abjurando y detestando la jurisdicción de cualquier otro péndulo existente.

Desearía, por lo tanto, que considerase que no son más que unas pobres ocho millas desde Shandy-Hall hasta la casa del doctor Slop, el hombre-comadrona;⁠—y que, mientras Obadiah ha ido y vuelto esas dichas millas, yo he traído a mi tío Toby desde Namur, cruzando toda Flandes, hasta Inglaterra:⁠—Que lo he tenido enfermo entre manos cerca de cuatro años;⁠—y desde entonces lo he hecho viajar a él y al cabo Trim en un carruaje de cuatro caballos, un viaje de cerca de dos millas hacia abajo, hasta Yorkshire,⁠⸺⁠todo lo cual, sumado, debe de haber preparado la imaginación del lector para la entrada del doctor Slop en escena,⁠—tanto al menos (espero) como un baile, una canción o un concierto entre los actos.

Si mi hipercrítico se muestra intratable, alegando que dos minutos y trece segundos no son más que dos minutos y trece segundos,⁠—cuando ya he dicho todo lo que puedo sobre ellos; y que este alegato, aunque podría salvarme dramáticamente, me condenará biográficamente, convirtiendo mi libro desde este mismo momento en una novela declarada, que antes era un libro apócrifo:⁠⸺⁠Si me veo así acorralado⁠—pongo entonces fin a toda la objeción y controversia al respecto de golpe y porrazo,⁠—haciéndole saber que Obadiah no se había alejado más de sesenta yardas del corral de las caballerizas antes de encontrarse con el doctor Slop ;⁠—y, a decir verdad, dio una sucia prueba de que se había encontrado con él, y estuvo a un pelo de dar también otra trágica.

Imaginaos;⁠—pero más vale que esto comience un capítulo nuevo.

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