Cerca de hora y media de lectura bastante aceptable ha transcurrido desde que mi tío Toby tocó la campanilla, cuando a Obadiah se le ordenó ensillar un caballo e ir por el Dr. Slop, el partero;—de modo que nadie puede decir, con razón, que no le he concedido a Obadiah el tiempo suficiente, hablando poéticamente, y considerando además la emergencia, tanto para ir como para venir;—aunque, hablando moral y verdaderamente, el hombre apenas si habrá tenido tiempo de calzarse las botas.
Si el hipercrítico se empeña en ir por ahí; y después de todo está decidido a tomar un péndulo y medir la distancia exacta entre el repique de la campana y el golpe en la puerta;—y, tras descubrir que no es mayor de dos minutos, trece segundos y tres quintos,—se tomase la libertad de insultarme por semejante quebrantamiento de la unidad, o más bien de la probabilidad del tiempo;—le recordaría que la idea de duración, y de sus modos simples, se obtiene meramente a partir del curso y la sucesión de nuestras ideas,⸺y es el verdadero péndulo escolástico,⸺y por el cual, como erudito, habré de ser juzgado en este asunto,—abjurando y detestando la jurisdicción de cualquier otro péndulo existente.
Desearía, por lo tanto, que considerase que no son más que unas pobres ocho millas desde Shandy-Hall hasta la casa del doctor Slop, el hombre-comadrona;—y que, mientras Obadiah ha ido y vuelto esas dichas millas, yo he traído a mi tío Toby desde Namur, cruzando toda Flandes, hasta Inglaterra:—Que lo he tenido enfermo entre manos cerca de cuatro años;—y desde entonces lo he hecho viajar a él y al cabo Trim en un carruaje de cuatro caballos, un viaje de cerca de dos millas hacia abajo, hasta Yorkshire,⸺todo lo cual, sumado, debe de haber preparado la imaginación del lector para la entrada del doctor Slop en escena,—tanto al menos (espero) como un baile, una canción o un concierto entre los actos.
Si mi hipercrítico se muestra intratable, alegando que dos minutos y trece segundos no son más que dos minutos y trece segundos,—cuando ya he dicho todo lo que puedo sobre ellos; y que este alegato, aunque podría salvarme dramáticamente, me condenará biográficamente, convirtiendo mi libro desde este mismo momento en una novela declarada, que antes era un libro apócrifo:⸺Si me veo así acorralado—pongo entonces fin a toda la objeción y controversia al respecto de golpe y porrazo,—haciéndole saber que Obadiah no se había alejado más de sesenta yardas del corral de las caballerizas antes de encontrarse con el doctor Slop ;—y, a decir verdad, dio una sucia prueba de que se había encontrado con él, y estuvo a un pelo de dar también otra trágica.
Imaginaos;—pero más vale que esto comience un capítulo nuevo.