—Si mi mujer se arriesga a confiárnoslo, hermano Toby, Trismegistus será vestido y bajado con nosotros, mientras usted y yo tomamos juntos nuestro desayuno.⸻
⸺Ve, dile a Susannah, Obadiah, que venga aquí.
—Se ha subido corriendo, —respondió Obadiah—, en este mismísimo instante, sollozando, llorando y retorciéndose las manos como si se le fuera a partir el corazón.
Tendremos un mes raro de mil demonios, dijo mi padre, apartando la cabeza de Obadiah y mirando con añoranza el rostro de mi tío Toby durante un buen rato; tendremos un mes infernal de mil demonios, hermano Toby, dijo mi padre, poniendo los brazos en jarra y sacudiendo la cabeza; ¡fuego, agua, mujeres, viento, hermano Toby! —Es alguna desgracia, exclamó mi tío Toby. ⸺¡Eso es! —gritó mi padre—, tener tantos elementos discordantes desatados, cabalgando triunfantes en cada rincón de la casa de un caballero—De poco sirve para la paz de una familia, hermano Toby, que usted y yo nos dominemos y nos sentemos aquí en silencio e inmutables⸺mientras semejante tormenta silba sobre nuestras cabezas.⸻
¿Y qué pasa, Susannah? —Le han puesto al niño de nombre Tristram ⸺y mi señora acaba de salir de un ataque histérico por ello⸺No⸺no es culpa mía, dijo Susannah —Yo le dije que era Tristram-gisto.
⸺Prepárate té, hermano Toby—dijo mi padre, bajándose el sombrero—, ¡pero qué diferente de las salidas y agitación de voz y miembros que un lector común se imaginaría!
—Pues habló con la más dulce modulación— y se quitó el sombrero con el más gentil movimiento de miembros que jamás la aflicción haya armonizado y sintonizado.
⸺Ve al juego de bolos a buscar al cabo Trim —dijo mi tío Toby, dirigiéndose a Obadiah, tan pronto como mi padre hubo salido de la habitación.