Al mirar atrás desde el final del último capítulo, y examinar la textura de lo escrito, es necesario que en esta página y en las tres siguientes se inserte una buena cantidad de materia heterogénea para mantener ese justo equilibrio entre la sabiduría y la tontería, sin el cual un libro no se sostendría ni un solo año: ni es una pobre digresión rastrera (a despecho de cuyo nombre uno podría seguir igual por el camino real) lo que servirá para el asunto⸺no; si ha de ser una digresión, debe ser una buena y juguetona, y sobre un tema también juguetón, donde ni el caballo ni su jinete puedan ser atrapados sino por rebote.
La única dificultad consiste en suscitar facultades adecuadas a la naturaleza del servicio: la Fantasía es caprichosa; el Ingenio no debe buscarse; y la Gracia (buena y bonachona muchacha como es) no acude a la primera llamada, aunque se pusiera un imperio a sus pies.
⸺La mejor manera para un hombre es decir sus oraciones⸺
Solo en el caso de que le recuerde sus flaquezas y defectos, tanto espirituales como corporales —para tal fin, se hallará un tanto peor después de haberlas dicho que antes—; para otros fines, mejor.
Por mi parte, no hay manera moral ni mecánica bajo el cielo que se me ocurra, que no haya empleado conmigo mismo en este caso: a veces dirigiéndome directamente al alma misma, y discutiendo la cuestión una y otra vez con ella sobre el alcance de sus propias facultades⸺
⸺Jamás pude hacerlas ni una pulgada más anchas⸺
Luego, cambiando mi sistema y probando qué se podía hacer con él en el cuerpo, mediante la templanza, la sobriedad y la castidad: Estas son buenas, dije, en sí mismas—son buenas, absolutamente;—son buenas, relativamente;—son buenas para la salud—son buenas para la felicidad en este mundo—son buenas para la felicidad en el otro⸺
En resumen, servían para todo menos para lo que se necesitaba; y ahí no servían para nada, sino para dejar el alma tal como el cielo la había hecho; en cuanto a las virtudes teológicas de la fe y la esperanza, le dan valor; pero entonces esa virtud lloriquienta de la mansedumbre (como mi padre solía llamarla siempre) se lo quita a uno por completo otra vez, de modo que uno se queda exactamente en el punto de partida.
Ahora bien, en todos los casos comunes y corrientes, no he encontrado nada que dé tan buen resultado como esto⸺
⸺Ciertamente, si hay alguna dependencia de la Lógica, y no me hallo cegado por el amor propio, ha de haber algo de verdadero genio en mí, meramente por este síntoma del mismo, a saber, que no sé lo que es la envidia: pues jamás doy con ningún invento o artificio que tienda al fomento de la buena escritura, sin que al instante lo haga público; deseando que todo el género humano escriba tan bien como yo.
⸺Lo que sin duda harán, cuando piensen tan poco.