Como a Obadiah le gustaba la música de viento con preferencia a toda la música instrumental que llevaba consigo, se puso muy discretamente a trabajar su imaginación para idear e inventar por qué medios se pondría en condiciones de disfrutarla.
En toda congoja (salvo la musical) en que se necesiten cordeles pequeños, nada es tan propio de acudir a la cabeza de un hombre como su cinta del sombrero:⸺la filosofía de esto es tan superficial⸺que desdeño en entrar en ella.
Como el caso de Obadías era un caso mixto⸺atención, señores,⸺digo, un caso mixto; pues era obstétrico,⸺ escritúrico, jeringuístico, papístico⸺y en lo que al penco del carruaje se refería,⸺cabalístico⸺y solo en parte musical;— Obadías no tuvo reparo en echar mano del primer recurso que se le presentó; así que, tomando la bolsa y los instrumentos, y apretándolos con fuerza con una mano, y con el índice y el pulgar de la otra poniéndose el cabo de la toca del sombrero entre los dientes, y luego deslizando la mano hacia la mitad de la misma,—los ató y los reató bien firmes todos juntos de un extremo al otro (como se cuerda un baúl) con tal multiplicidad de vueltas y retorcidas vueltas en cruz, con un nudo duro en cada intersección o punto donde se encontraban las cuerdas,—que el doctor Slop habría necesitado las tres quintas partes de la paciencia de Job, como mínimo, para deshacerlos.—Creo en mi conciencia que, si la naturaleza hubiera estado en uno de sus ánimos ágiles y con humor para semejante competición⸺y ella y el doctor Slop hubieran partido juntitos desde la raya⸺no habría hombre viviente que, tras haber visto la bolsa con todo lo que Obadías le había hecho,⸺y conocido asimismo la gran velocidad que la Diosa puede alcanzar cuando lo cree oportuno, le hubiera quedado la más mínima duda en la cabeza—de cuál de los dos se habría llevado el premio.
Mi madre, señora, habría sido aliviada antes de que la bolsa verde con toda seguridad⸺al menos por veinte nudos .⸺¡Juguete de pequeños accidentes, Tristram Shandy! que eres y serás por siempre jamás; de haber sido esa prueba para ti, y había cincuenta contra uno de que lo fuera,—tus asuntos no habrían estado tan deprimidos—(al menos por la depresión de tu nariz) como lo han estado; ni las fortunas de tu casa y las ocasiones de hacerlas, que tan a menudo se han presentado en el curso de tu vida, habrían sido para ti tan a menudo, tan vexatoriamente, tan mansamente, tan irrecoverablemente abandonadas—como te has visto obligado a dejarlas;⸺mas ya pasó,⸺todo salvo la cuenta de ellas, que no podrá darse a los curiosos hasta que haya salido al mundo.