Le dije al lector cristiano al principio del capítulo que precedió a la oración apologética de mi tío Toby—aunque usando un tropo diferente del que emplearía ahora—, que la paz de Utrecht estuvo a un tris de crear el mismo distanciamiento entre mi tío Toby y su hobby-horse que el que creó entre la reina y el resto de las potencias aliadas.
Hay una manera indignada en la que a veces un hombre desmonta de su caballo, que equivale a decirle: «Iré a pie, señor, todos los días de mi vida, antes de volver a cabalgar ni una sola milla sobre tu lomo». Ahora bien, no podría decirse que mi tío Toby desmontase de su caballo de este modo; pues, hablando con estricta propiedad, no podía decirse que desmontara de su caballo en absoluto—más bien su caballo lo arrojó—y de manera algo aviesa, lo que hizo que mi tío Toby se lo tomara diez veces peor. Que este asunto lo resuelvan los jinetes de Estado como les plazca.—Dio lugar, digo yo, a una especie de recelo entre mi tío Toby y su jamelgo.—No tuvo necesidad de él desde el mes de marzo hasta noviembre, que fue el verano posterior a la firma de los artículos, excepto de cuando en cuando para dar un breve paseo, tan solo para comprobar que las fortificaciones y el puerto de Dunkerque habían sido demolidos conforme a lo estipulado.
Los franceses anduvieron tan remisos todo aquel verano en acometer el asunto, y el señor Tugghe, el diputado de los magistrados de Dunkerque, presentó tantas y tan conmovedoras peticiones a la reina, suplicando a su majestad que hiciera recaer sus rayos únicamente sobre las obras militares que hubieran incurrido en su disfavor, pero que perdonara —que perdonara el molo, por amor al molo; el cual, en su desamparada situación, no podía ser sino un objeto de compasión—, y siendo la reina (que no dejaba de ser mujer) de piadosa índole, y sus ministros también, al no desear en su corazón que la ciudad fuera desmantelada por estas razones privadas, * * * * * * * * * * * * ⸺
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- ; de modo que todo marchaba pesadamente con mi tío Toby ; tanto que no fue antes de transcurridos tres meses enteros, después de que él y el cabo hubieron construido la ciudad y la pusieron en condiciones de ser destruida, cuando los distintos comandantes, comisarios, diputados, negociadores e intendentes le permitieron ponerse a ello.⸺¡Fatal intervalo de inactividad!
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El cabo estaba por empezar la demolición, abriendo una brecha en las murallas o fortificaciones principales de la ciudad⸺No,—eso jamás servirá, cabo, dijo mi tío Toby , pues yendo a trabajar de ese modo con la ciudad, la guarnición inglesa no estará segura en ella ni una hora; porque si los franceses son traidores⸺Son tan traidores como los demonios, ¡si a su señoría le place!, dijo el cabo⸺Siempre me da pena cuando lo oigo, Trim , dijo mi tío Toby ,—pues no les falta valor personal; y si se abre una brecha en las murallas, pueden entrar en ella y hacerse dueños de la plaza cuando les plazca:⸺Que entren en ella, dijo el cabo, levantando la azada de zapador con ambas manos, como si fuera a arremeter con ella a diestra y siniestra,—que entren, ¡si a su señoría le place!, si se atreven.⸺En casos como este, cabo, dijo mi tío Toby , deslizando su mano derecha hacia la mitad de su bastón, y sosteniéndolo después a manera de bastón de mando con el índice extendido,—no forma parte de las consideraciones de un comandante lo que el enemigo se atreve—o lo que no se atreve a hacer; debe actuar con prudencia. Empezaremos por las obras exteriores, tanto hacia el mar como hacia la tierra, y particularmente por el fuerte Luis , el más distante de todas ellas, y lo demoliremos primero,—y el resto, uno a uno, tanto a nuestra derecha como a nuestra izquierda, a medida que nos retiremos hacia la ciudad;—luego demoleremos el muelle,—después colmataremos el puerto,—nos retiraremos luego a la ciudadela y la haremos volar por los aires: y habiendo hecho eso, cabo, nos embarcaremos para Inglaterra .⸺Ya estamos allí, replicó el cabo, volviendo en sí—Es muy cierto, dijo mi tío Toby —mirando a la iglesia.