⸺¡Qué conjetura se perdió aquí!⸺Mi padre en uno de sus mejores estados de ánimo explicativos—en su afanoso seguimiento de una cuestión metafísica hasta los mismos confines donde las nubes y las densas tinieblas pronto la habrían envuelto por completo—; mi tío Toby en una de las mejores disposiciones para ello del mundo;—su cabeza como un asador ahumado⸺el tiro sin barrer, y las ideas dando vueltas y más vueltas en él, ¡todas obnubiladas y oscurecidas por materia fuliginosa!—¡Por la lápida de Luciano⸺si es que aún existe⸺si no, pues entonces por sus cenizas! ¡por las cenizas de mi querido Rabelais y de mi más querido Cervantes!—¡el discurso de mi padre y de mi tío Toby sobre el tiempo y la eternidad—era un discurso devotamente deseable; y la petulancia del humor de mi padre al ponerle fin como lo hizo, fue un robo al Tesoro Ontológico de una joya tal como ninguna conjunción de grandes ocasiones y grandes hombres volverá a restituirle jamás.
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