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nydus/The Time MachinePublic
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IX

parpadeó y se apagó. Encendí una cerilla y, al hacerlo, dos formas blancas que se habían estado acercando a Weena se dieron a la fuga apresuradamente. Una estaba tan cegada por la luz que vino directa hacia mí, y sentí crujir sus huesos bajo el golpe de mi puño. Soltó un grito ahogado de consternación, tambaleó un corto trecho y cayó al suelo. Encendí otro trozo de alcanfor y continué reuniendo material para mi hoguera. Pronto noté lo seca que estaba partearant el follaje sobre mí pues, desde mi llegada en la Máquina del Tiempo, cosa de una semana, no había caído nada de lluvia. Así que, en vez de buscar por entre los árboles ramitas caídas, comencé a dar saltos y a arrastrar ramas hacia abajo. Muy pronto conseguí un fuego humeante y asfixiante de madera verde y palos secos, y pude racionar mi alcanfor. Me volví entonces hacia el lugar donde Weena yacía junto a mi maza de hierro. Hice cuanto pude para reanimarla, pero yacía como muerta. Ni siquiera pude averiguar con certeza si respiraba o no.

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