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nydus/The Time MachinePublic
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XII

Decidí ir al día siguiente a ver de nuevo al Viajero en el Tiempo. Me dijeron que estaba en el laboratorio y, como tenía confianza en la casa, subí a buscarlo. El laboratorio, sin embargo, estaba vacío. Contemplé un minuto la Máquina del Tiempo, alargué la mano y toqué la palanca. Ante aquello, la masa achaparrada y de aspecto sólido se tambaleó como una rama agitada por el viento. Su inestabilidad me sobresaltó muchísimo y me trajo el extraño recuerdo de los días de infancia en los que me tenían prohibido curiosear. Regresé por el corredor. El Viajero en el Tiempo me salió al encuentro en el salón de fumadores. Venía de la casa. Llevaba una pequeña cámara bajo un brazo y una mochila bajo el otro. Se rio al verme y me ofreció el codo para saludarme. > —Estoy terriblemente ocupado —dijo— con ese trasto de

—¿Pero no será alguna broma? —dije—. ¿De verdad viaja a través del tiempo?

“De verdad que sí”. Y me miró con franqueza a los ojos. Titubeó. Su mirada vagó por la habitación.

—Solo quiero media hora —dijo—. Sé por qué has venido, y es muy amable por tu parte. Hay algunas revistas aquí. Si te quedas a almorzar, te demostraré este viaje en el tiempo hasta el fondo, espécimen incluido. ¿Me perdonas si te dejo ahora?

Consentí, sin comprender apenas entonces el completo significado de sus palabras, y él asintió y continuó por el corredor. Oí la puerta del laboratorio cerrarse de golpe, me senté en una silla y tomé un periódico diario. ¿Qué iba a hacer antes de la hora del almuerzo?

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