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nydus/The Time MachinePublic
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III. La máquina del tiempo

bajo el golpeteo de los granizos. El granizo rebotante y danzarín pendía en una nube sobre la máquina y avanzaba a ras del suelo como humo. En un instante me empapé hasta los huesos. «Buena hospitalidad —dije—, para un hombre que ha viajado innumerables años para verlos.»

“Pronto pensé qué tonto había sido por mojarme. Me puse en pie y miré a mi alrededor.

Una figura colosal, esculpida al parecer en alguna piedra blanca, se asomaba confusamente más allá de los rododendros a través de la neblinosa llovizna. Pero todo lo demás del mundo era invisible.

“Mis sensaciones serian difíciles de describir. A medida que las columnas de granizo disminuían, vi la figura blanca con mayor claridad. Era muy grande, pues un abedul plateado rozaba su hombro. Era de mármol blanco, con una forma parecida a la de una esfinge alada, pero las alas, en vez de estar erguidas verticalmente a los lados, se extendían de tal modo que parecía flotar. El pedestal, según me pareció, era de bronce, y estaba cubierto de verdín. Casualmente, el rostro estaba vuelto hacia mí; los ojos sin vida parecían observarme; había la tenue sombra de una sonrisa en los labios. Estaba muy gastada por la intemperie, lo cual transmitía una desagradable sugerencia de enfermedad. Me quedé mirándola un instante⁠: medio minuto, tal vez, o media hora. Parecía avanzar y retroceder a medida que el granizo soplaba más denso o más ralo frente a ella. Por fin aparté los ojos de ella por un momento y vi que la cortina de granizo se había vuelto transparente y que el cielo se aclaraba con la promesa del sol.

Volví a mirar hacia arriba, hacia aquella forma blanca y agazapada, y la plena temeridad de mi viaje se apoderó de mí de repente. ¿Qué podría aparecer cuando aquel velo brumoso se retirara por completo? ¿Qué no le podría haber ocurrido a los hombres? ¿Y si la crueldad se hubiera

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