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nydus/The Time MachinePublic
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IV. El regreso del Viajero del Tiempo

hicieron una reverencia. Luego se acercó uno riendo hacia mí, cargando una cadena de hermosas flores totalmente nuevas para mí, y me la puso al cuello. La idea fue recibida con melodiosos aplausos; y al poco rato corrían todos de aquí para allá en busca de flores, arrojándomelas entre risas hasta que casi quedé sepultado bajo las flores. Ustedes, que nunca han visto algo igual, apenas pueden imaginar qué flores tan delicadas y maravillosas había creado incontables años de cultivo. Entonces alguien sugirió que su juguete fuera exhibido en el edificio más cercano, y así fui conducido, pasando junto a la esfinge de mármol blanco que había parecido observarme todo el tiempo con una sonrisa ante mi asombro, hacia un vasto edificio gris de piedra labrada. Mientras iba con ellos, el recuerdo de mis confiadas expectativas de una posteridad profundamente seria e intelectual acudió a mi mente con una alegría irresistible.

El edificio tenía una entrada enorme y era, en conjunto, de dimensiones colosales. Como era natural, lo que más me ocupaba era la creciente multitud de personitas y los grandes portales abiertos que bostezaban ante mí, sombríos y misteriosos. Mi impresión general del mundo que veía por encima de sus cabezas era un enmarañado erial de hermosos arbustos y flores, un jardín largamente descuidado y, sin embargo, libre de malas hierbas. Vi varios tallos altos de extrañas flores blancas, que medían quizá un pie de ancho en la extensión de sus pétalos céreos. Crecián dispersas, como si fueran silvestres, entre los arbustos multicolores, pero, como digo, no las examiné de cerca en ese momento. La Máquina del Tiempo quedó abandonada en el césped, entre los rododendros.

El arco de la puerta estaba ricamente tallado, pero naturalmente no observé la talla con mucha atención, aunque me pareció ver indicios de

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