—Uno podría aprender el griego de los mismos labios de Homero y Platón —pensó el joven inberbe.
—En ese caso, sin duda te suspenderán en el Little-go. Los eruditos alemanes han mejorado tanto el griego.
—Luego está el futuro —dijo el Muy Joven—. ¡Solo piénsalo! ¡Uno podría invertir todo su dinero, dejarlo acumulando intereses y adelantarse corriendo!
—Para descubrir una sociedad —dije—, erigida sobre una base estrictamente comunista.
—¡De todas las teorías descabelladas y extravagantes! —comenzó el Psicólogo.
“Sí, eso me pareció a mí, y por eso nunca hablé de ello hasta que—”
—¡Verificación experimental! —exclamé—. ¿Va usted a verificar eso?
—¡El experimento! —exclamó Filby, a quien ya se le estaba cansando el cerebro.
—A