Mis pensamientos no han dejado rastro, y no puedo volver a encontrar el camino. ¿En qué estaba pensando? Era un día muy brumoso. Probaré con estas tres frases de Confut-see; tal vez logren evocar de nuevo ese estado. No sé si era melancolía o un éxtasis en ciernes. > Nota. Jamás hay más de una oportunidad de la misma
Poeta. ¿Qué tal, Ermitaño, es muy pronto? Tengo trece enteros en total, además de varios que están imperfectos o son demasiado pequeños; pero servirán para los peces más chicos; no tapan tanto el anzuelo. Esos lombrices de pueblo son demasiado grandes; un carpín puede darse un banquete con una sin encontrar el pincho.
Ermitaño. Pues bien, pongámonos en marcha. ¿Vamos al Concord? Hay buena pesca allí si el agua no está muy alta.
¿Por qué precisamente estos objetos que contemplamos componen un mundo? ¿Por qué el hombre tiene precisamente estas especies de animales como vecinos; como si nada más que un ratón pudiera haber llenado esta rendija? Sospecho que Pilpay y Cía. les han dado a los animales su mejor uso, pues todos ellos son bestias de carga, en cierto sentido, hechas para llevar alguna porción de nuestros pensamientos.
Los ratones que infestaban mi casa no eran los comunes, de los que se dice que fueron introducidos en el país, sino una especie silvestre autóctona que no se encontraba en el pueblo. Le envié uno a un naturalista distinguido, y le interesó mucho. Cuando estaba construyendo, uno de estos tenía su nido debajo de la casa y, antes de haber colocado el segundo piso y de haber barrido las virutas, salía regularmente a la hora del almuerzo a recoger las migajas a mis pies. Probablemente nunca antes había visto a un hombre; y pronto se volvió bastante confiado, y me corría por los zapatos y trepaba por la ropa.