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Economía

por el arte de los constructores, es más o menos lo mismo en todo el mundo, ya sea el edificio un templo egipcio o el Banco de Estados Unidos. Cuesta más de lo que vale. El resorte principal es la vanidad, secundada por el amor al ajo y al pan con mantequilla. El señor Balcom, un joven arquitecto prometedor, lo diseña en el reverso de su Vitruvio, con lápiz duro y regla, y la obra se le encarga a Dobson & Hijos, picapedreros. Cuando los treinta siglos empiezan a mirarlo desde lo alto, la humanidad empieza a mirarlo desde abajo.

En cuanto a vuestras altas torres y monumentos, hubo una vez en este pueblo un tipo loco que se propuso cavar hasta la China, y llegó tan lejos que, según decía, oía repiquetear las ollas y sartenes chinas; pero creo que yo no me apartaré de mi camino para ir a admirar el agujero que hizo. Muchos se interesan por los monumentos de Occidente y de Oriente⁠—por saber quién los construyó. Por mi parte, quisiera saber quiénes en aquellos días no los construyeron⁠—quiénes estaban por encima de esas pequeñeces. Pero para seguir con mis estadísticas.

Haciendo trabajos de agrimensura, carpintería y jornal de diversa índole en el pueblo entretanto, pues tengo tantos oficios como dedos, había ganado $13.34.

Los gastos de alimentación durante ocho meses, a saber, desde el 4 de julio hasta el 1.º de marzo, época en que hice estos cálculos, aunque viví allí más de dos años —sin contar las patatas, un poco de maíz tierno y unos guisantes que había cosechado, ni tampoco el valor de lo que me quedaba en la última fecha mencionada— ascendieron a

Todos los experimentos que fallaron:

Sí, llegué a comerme 8,74 dólares en total; pero no publicaría mi culpa tan descaradamente si no supiera que la mayoría de mis

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