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Economía

abalorios tendrán que servir también para ese estado de ánimo. Cuando una bala de cañón alcanza al soldado, los harapos sientan tan bien como la púrpura.

El gusto infantil y salvaje de hombres y mujeres por los nuevos diseños hace que cuántos anden temblando y bizqueando a través de caleidoscopios para descubrir la figura particular que esta generación exige hoy.

Los fabricantes han aprendido que este gusto es meramente caprichoso. De dos diseños que solo se diferencian por unos cuantos hilos más o menos de un color determinado, uno se venderá con facilidad, mientras que el otro se quedará en la estantería, aunque a menudo sucede que, transcurrida una temporada, este último se pone de más moda.

En comparación, el tatuaje no es la costumbre espantosa que se dice que es. No es bárbaro simplemente porque la impresión esté bajo la piel y sea inalterable.

No puedo creer que nuestro sistema fabril sea el mejor modo mediante el cual los hombres pueden conseguir ropa.

La condición de los operarios se parece cada vez más a la de los ingleses; y no es de extrañar, ya que, por lo que he oído u observado, el objetivo principal no es que la humanidad vaya bien y honradamente vestida, sino, indudablemente, que las corporaciones se enriquezcan.

A la larga, los hombres solo dan a aquello a lo que apuntan. Por lo tanto, aunque fracasen de inmediato, más les vale apuntar a algo elevado.

En cuanto al Refugio, no negaré que ahora es una necesidad de la vida, aunque hay casos de hombres que se han prescindido de él durante largos períodos en países más fríos que este. Samuel Laing dice que > «el lapón con su traje de piel, y en una bolsa de piel que se pone sobre la cabeza y los hombros, dormirá noche tras noche sobre la nieve… a

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