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Economía

ha habido ni es probable que haya pronto una nación de filósofos, ni estoy seguro de que sea deseable que la haya. Sin embargo, nunca habría domado un caballo o un buey ni lo habría tomado a pensión por cualquier trabajo que pudiera hacer para mí, por miedo a convertirme meramente en un jinete o en un vaquero; y si la sociedad parece salir ganando al hacerlo, ¿estamos seguros de que lo que es la ganancia de un hombre no es la pérdida de otro, y de que el caballerizo tiene tanto motivo como su amo para estar satisfecho? Concedido que algunas obras públicas no se habrían construido sin esta ayuda, y que el hombre comparta la gloria de ello con el buey y el caballo; ¿se sigue de ahí que no habría podido realizar obras aún más dignas de sí mismo en tal caso? Cuando los hombres empiezan a hacer, no sólo trabajos innecesarios o artísticos, sino lujosos y ociosos, con la asistencia de aquéllos, es inevitable que unos pocos hagan todo el trabajo de intercambio con los bueyes, o, en otras palabras, se conviertan en los esclavos del más fuerte. Así, el hombre no sólo trabaja para el animal que lleva dentro, sino que, como símbolo de esto, trabaja para el animal que tiene fuera.

Aunque tenemos muchas casas sólidas de ladrillo o piedra, la prosperidad del granjero todavía se mide por el grado en que el granero eclipsa a la casa. Se dice que este pueblo tiene las mayores casas para bueyes, vacas y caballos de los alrededores, y no se queda atrás en sus edificios públicos; pero hay muy pocos salones para el culto libre o la libre expresión en este condado. No debería ser por su arquitectura, ¿pero por qué no incluso por su poder de pensamiento abstracto, que las naciones deberían buscar conmemorarse a

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