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Conclusión

se exigen la mirada y el pulso. Solo los derrotados y los desertores van a las guerras, los cobardes que huyen y se alistan. Emprende ahora ese camino más occidental, que no se detiene en el Misisipi ni en el Pacífico, ni conduce hacia una gastada China o Japón, sino que sigue adelante en línea recta, tangente a esta esfera, verano e invierno, día y noche, puesta de sol, puesta de luna, y al fin la de la tierra también.

Se dice que Mirabeau se dedicó al robo de caminos «para averiguar qué grado de resolución era necesario con el fin de ponerse en oposición formal a las leyes más sagradas de la sociedad».

Declaró que «un soldado que lucha en las filas no necesita ni la mitad del valor que un bandido»—y que «el honor y la religión nunca se han interpuesto en el camino de una firme resolución bien meditada».

Esto era varonil, tal como anda el mundo; y sin embargo era ocioso, si no desesperado. Un hombre más sensato se habría hallado a menudo lo bastante «en oposición formal» a lo que se considera «las leyes más sagradas de la sociedad», mediante la obediencia a leyes aún más sagradas, y así habría puesto a prueba su resolución sin desviarse de su camino.

No le corresponde a un hombre adoptar tal actitud ante la sociedad, sino mantenerse en cualquier actitud en la que se halle mediante la obediencia a las leyes de su ser, las cuales nunca serán de oposición a un gobierno justo, si es que llega a encontrarse con uno.

Abandoné los bosques por tan buena razón como fui allí. Quizá me parecía que me quedaban por vivir varias vidas más y no podía dedicarle más tiempo a aquella. Es notable con cuánta facilidad e imperceptibilidad caemos en una ruta determinada y nos abrimos un camino trillado. No había vivido allí una semana cuando mis pies ya habían desgastado un sendero desde mi

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